El Ceibo /Seibo-Erytrina crista galli

Este hermoso árbol es la flor Nacional de Argentina y Uruguay., 


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El Ceibo es un árbol originario de América, de la zona subtropical, no muy alto, de tronco retorcido, pertenece a la familia de las leguminosas, por lo que las semillas se guardan en vainas encorvadas.
 Sus flores son rojas, de un rojo carmín muy llamativas y dispuesta en racimos. de una vara floral, salen varias flores..Florece entre los meses de Octubre y Abril.

Las flores son amariposadas, cáliz gamosépalo campanulado de 1.5cm de largo. 
Corola color rojo carmín, con 5 pétalos, las alas se encuentran ocultas por el cáliz.
 Estambres (10) sobrepasando la quilla.
El fruto es una vaina subtorulosa, contraída entre las semillas de 10-40cm de largo. Semillas, de 2-8 cm color castaño oscuro.
La copa es rala e irregular con ramas tortuosas y aculeadas (provista de aguijones). Hojas caducas pinado trifoladas, lanceoladas, con pecíolos de 4.5 a 20cm.


 ERITYNA CRISTA GALLI 

Crece en las riberas del Paraná y del Río de La Plata, pero se lo puede hallar en zonas cercanas a ríos, lagos y zonas pantanosas a lo largo del país.
Científicamente se le denomina Erytrina crista galli , es un arbol de pequeño porte 4-6metros de altura.
 El tallo es leñoso y tortuoso con ramas espinosas. 
La madera de ceibo es muy liviana y porosa, y se la utiliza para la construcción de balsas, colmenas, juguetes de aeromodelismo.
Su presencia en parque y jardines argentinos, pone una nota de perfume y color.  Y el admirador evita arrancar sus flores, debido a que sus ramas poseen una especie de aguijones.

Erythrina Cristagalli variedada Leucochlora


De uso artesanal, curtiente, farmacéutico, forrajero, medicinal , tintóreo, planta melífera,   se utiliza para recuperación y fijación de terrenos.

LEYENDA DEL CEIBO:


Cuenta la leyenda que en las riberas del Paraná, vivía una indiecita fea, de rasgos toscos, llamada Anahí. Era fea, pero en las tardecitas veraniegas deleitaba a toda la gente de su tribu guaraní con sus canciones inspiradas en sus dioses y el amor a la tierra de la que eran dueños... Pero llegaron los invasores, esos valientes, atrevidos y aguerridos seres de piel blanca, que arrasaron las tribus y les arrebataron las tierras, los ídolos, y su libertad.
Anahí fue llevada cautiva junto con otros indígenas.

Pasó muchos días llorando y muchas noches en vigilia, hasta que un día en que el sueño venció a su centinela, la indiecita logró escapar, pero al hacerlo, el centinela despertó, y ella, para lograr su objetivo, hundió un puñal en el pecho de su guardián, y huyó rápidamente a la selva.
 
El grito del moribundo carcelero, despertó a los otros españoles, que salieron en una persecución que se convirtió en cacería de la pobre Anahí, quien  al rato,  fue alcanzada por los conquistadores. Éstos, en venganza por la muerte del guardián, le impusieron como castigo  la muerte en la hoguera.
La ataron a un árbol e iniciaron el fuego, que parecía no querer alargar sus llamas hacia la doncella indígena, que sin murmurar palabra, sufría en silencio, con su cabeza inclinada hacia un costado. Y cuando el fuego comenzó a subir, Anahí se fue convirtiendo en árbol, identificándose con la planta en un asombroso milagro.
Al siguiente amanecer, los soldados se encontraron ante el espectáculo de un hermoso árbol de verdes hojas relucientes, y flores rojas aterciopeladas, que se mostraba en todo su esplendor, como el símbolo de valentía y fortaleza ante el sufrimiento.
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